Tengo claro que la ruptura unilateral del grupo municipal de Ciudadanos en el Ayuntamiento de Málaga obedece clara y nítidamente a una estrategia electoralista que ha buscado en los expedientes sancionadores de Villa del Arenal la excusa perfecta para despegarse del Partido Popular de Francisco de la Torre y acudir por libre a los próximos comicios locales. Lamento que no hayan recurrido a una mejor manera para despojarse del papel secundario como muletilla del PP.

Ciudadanos no tiene por qué apropiarse de la lucha anticorrupción, puesto que es un ejercicio que todas las formaciones tienen la obligación de practicar, según la Ley de Partidos Políticos. Y, en cualquier caso, erradicar la corrupción debería ser condición sine qua non para cualquier demócrata y nunca una medalla que arrogarse.

No seré yo quien defienda la gestión del PP al frente del Ayuntamiento de Málaga con la que suelo ser muy crítico. Por consiguiente, el grupo municipal de Ciudadanos, a lo largo de la presente legislatura, ha tenido oportunidades y tiempo de sobra para romper el acuerdo de gobernabilidad alcanzado con De la Torre y, sin embargo, los naranjas miraron para otro lado. Valgan, como ejemplo, el conflicto con el Cuerpo de Bomberos, la irresolución eterna sobre Limasa, la mala organización del Cuerpo de la Policía Local o la mala gestión respecto a la limpieza y mantenimiento de los parques y jardines de nuestra ciudad. 

A buenas horas, mangas verdes. Pero lo cierto es que el mandatario naranja en Málaga, escudado en los expedientes sancionadores de Villas del Arenal, o mejor dicho, en la supuesta venganza de Teresa Domingo, quien fuera la exjefa del departamento de Disciplina Urbanística y, además, una de las infractoras entre los vecinos implicados -así lo reconoció ésta-, ha recurrido al juego sucio, ha renunciado al rigor y ha tomado el pelo al conjunto de los malagueños. Dicho lo cual, ¡no sé de qué se rasga las vestiduras la señora Porras a esta altura de la legislatura! Digamos que, cuanto menos, sorprende que sea la concejala de distrito, de la misma condición que Cassá, su subalterno hasta hace escasas cuarenta y ocho horas, la que lamente ahora haber sido objeto de traición por parte del portavoz naranja, cuando es un arte que ella misma domina a la perfección.  

En política, no todo vale. Rechazo de plano, tanto su judicialización como la politización de la justicia. Por tanto, creo firmemente en la independencia de Poderes. Considero que hay que dejar a los jueces hacer su trabajo. En base a esto y, finalmente, con sentencia en firme en mano, si los señores Pomares, Porras y Cardador cometieron algún delito, habrán de pagar por ello. Pero lo que es inaceptable es que se atente contra la honorabilidad de las personas como simple estrategia electoralista. Ni Málaga puede convertirse en un tablero de ajedrez, ni el Ayuntamiento, institución pública que nos representa a todos, debe ser tratado como si fuese el frontón del pim pam pum del rancio electoralismo que algunos políticos practican. 

He leído el acuerdo de gobernabilidad que en su día firmaron Francisco de la Torre y Juan Cassá. Por ningún sitio aparece esa cláusula que recogiera la condición de que algún concejal del PP tendría la obligación de dimitir si fuera investigado por un juez, cuando la presunción de inocencia es un derecho recogido en la Constitución española. 

En este sentido, cabría afirmar que Ciudadanos, sin importar lo más mínimo el interés general de los malagueños, ha roto el acuerdo con el PP por mera conveniencia electoralista -algo que es intrascendente para el futuro de la ciudad- para tratar de rentabilizar al máximo su táctica, con la nítida intención de ocupar la primera plana del mediatismo sensacionalista local.

Humildemente, lo único que le pediría a los partidos políticos que hoy tienen representación institucional en el Consistorio es, que trabajasen para intentar solucionar los problemas de los malagueños, en vez de ocuparse de protagonizar la ocurrencia extravagante de turno y pergeñar recurrentes conspiraciones de palacio.

Han de tener en cuenta que, para no perder la perspectiva del estado de la ciudad, hay miles de personas que no llegan a fin de mes, y que cada día, se ven en la obligación de guardar cola a las puertas del comedor social de su barrio para avituallarse con un plato de comida, llevarlo a sus hogares y no regresar con las manos vacías.

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